Caso Schoklender: a 45 años de un parricidio brutal y dos hermanos cuya historia desveló a los argentinos


Sergio -que este sábado cumple 68 años- reparte su vida entre Rosario y Buenos Aires, pero todos los miércoles va a los Tribunales de Comodoro Py para asistir a las audiencias del juicio oral por el caso “Sueños Compartidos”, en el que es uno de los acusados de integrar una asociación ilícita que defraudó al Estado con un programa de construcción de viviendas. Su hermano menor, Pablo (65), procesado en la misma causa, usa el Zoom del tribunal porque fijó domicilio en Asunción del Paraguay.

Ese, a grandes rasgos, es el presente de los hermanos Schoklender.

“Soy abogado, psicólogo y sociólogo. Ahora me especializo en informática, computación y me dedico habitualmente a la construcción”, le dijo Sergio, a modo de presentación, a los jueces del Tribunal Oral Federal (TOF) N° 5 que arrancaron el juicio “Sueños Compartidos” en marzo.

Sergio, fiel a su estilo de perfil alto, declaró dos veces. En la primera criticó hasta a la propia Hebe de Bonafini, que lo cobijó en su fundación. En la segunda dijo que Alberto Fernández financiaba -a través de la misma organización- denuncias contra el PRO.

Pablo, siempre más reservado y taciturno, ni siquiera dijo a que se dedica en Paraguay. Se estima que el juicio -por una cuestión de tiempos procesales- terminará antes de septiembre y todas las audiencias se transmiten por Youtube.

Sergio y Pablo son noticia ahora. Pero sobre todo fueron noticia, y una grande, hace exactamente 45 años, cuando mataron a sus padres y pasaron derecho a la historia criminal argentina.

Estos dos hermanos tenían 23 y 20 años cuando fueron acusados de masacrar a sus padres, Mauricio (53) y su esposa Cristina Silva Romano (49) en su departamento de Belgrano. Los golpearon y estrangularon. Finalmente, a ambos los condenaron a prisión perpetua por uno de los parricidios más impactantes que vivió el país.

Pero en el medio pasaron muchas cosas (ver video).

Todo comenzó el 30 de mayo de 1981, un año antes de que la guerra de Malvinas, en 1982, debilitara definitivamente a la dictadura militar que gobernaba desde 1976.

Ese días unos chicos que jugaban frente al parque Las Heras notaron que desde el baúl de un Dodge Polara– estacionado sobre avenida Coronel Diaz- chorreaba sangre. Avisaron a sus padres y estos a la Policía.

En el baúl del auto se encontraron los cuerpos del matrimonio Schoklender. Tanto él como ella llevaban pijama, los habían golpeado, ahorcado y llevaban una bolsa de nailon en la cabeza.

El caso impactó a los argentinos y el horror fue mayor cuando quedaron prófugos por los crímenes los dos hijos varones de la pareja, Pablo y Sergio. Su hermana Ana Valeria, nunca fue acusada y años después se cambió el apellido para poder vivir en paz.

Luego de huir durante un tiempo, tanto Sergio como Pablo fueron detenidos. En un primer momento Sergio se echó toda la culpa. Dijo que su madre era alcohólica, adicta a las pastillas y abusaba de su hermano.

Por eso, el 12 de marzo de 1985 solo fue condenado el mayor de los hermanos. A Pablo le dictaron falta de mérito.

Sergio luego sostuvo que el crimen tenía relación con el tráfico de armas ya que la empresa para la que trabajaba su padre tenía negocios con la dictadura por materiales bélicos.

Finalmente la Cámara dio vuelta el fallo y condeno a Pablo, quien recién fue encontrado en Paraguay, viviendo con una identidad falsa, en 1994.

Sergio –recibido de abogado y psicólogo- logró la libertad condicional en 1995 y Pablo comenzó con las salidas laborales en 2001. A ambos les esperarían otros escándalos y problemas con la ley.

Nunca contaron realmente que paso esa noche hace 45 años.

Fuente: www.clarin.com

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